Hola:
Este escrito lo presente el dia de la dona, 8 de marzo de 2011, quien lo ha escuchado me ha comentado la dureza del mismo, desgraciadamente en él se refleja una realidad con la que conviven muchas mujeres.
"Recuerdos"
Alguien dijo alguna vez que el dolor más grande no lo causan los golpes, sino el forjado por el desprecio, cuando tu vida se convierte en un laberinto del cual no encuentra salida.
Los buenos momentos vividos se quedaran guardados en mi memoria sin ninguna dificultad, los malos siempre siguen presentes; viven formando ciclos persistentes en la mente. Recuerdos de un paso por la vida; mi vida.
Esta noche lloraran mi perdida, mañana seré un recuerdo, dos líneas en un periódico, unos segundos del telediario, un número más para engrosar la lista del por qué cuando mi mayor delito fue amarte.
— ¿Recuerdas como fue mi paso por tu vida?
- ¿Alguna vez has vuelto a recordar nuestros sueños?
Recuerdo la primera vez que me besaste con delicadeza para no hacerme daño.
Recuerdo la primera vez que hicimos el amor, sujetabas la sabana para que no me sonrojara, cobijando mi cuerpo entre tus brazos con ternura.

Recuerdo aquel día que te dije que estaba embarazada. Lloraste como un niño -cuanta felicidad-, murmuraste mientras acariciabas mi pelo.
Recuerdo cuando al principio esperaba tu regreso y el tiempo se hacía interminable. Al oírte llegar mi alma se estremecía, deseando que me abrazaras y llenaras mi cuerpo de caricias de seda.
Recuerdo los paseos cogidos de la mano, "tu mano" que durante un tiempo me dio seguridad.
Después, recuerdo que tu presencia empezó a llenarme de amargura.
Recuerdo nuestras conversaciones que dejabas a medio terminar, creando un vacío en mi mente del cual no conseguí salir.
Recuerdo la primera vez que la cena se enfrió y la estampaste en la pared, el alcohol ya llenaba el aire de tristeza las paredes del comedor.
Recuerdo cuando tus besos y abrazos, los percibía fríos, sin sentimiento, yo no lograba dominar el miedo.
Tus palabras se clavaban como un puñal atravesando mi alma, derramando el amor en un inagotable goteo de impotencia, sin detenerse hasta los últimos suspiros que un día no muy lejano estos eran de pasión.
Me convertí en tu sombra, callada, solitaria, rezando para que el nuevo día me despertara de la pesadilla en la que habías convertido mi vida. Fuiste sembrando miedo, marchitando el amor, ultrajando la alegría, hasta el punto que los golpes dejaron de dolerme, los hematomas se curaban y el alma envejecía, poco a poco solo quedo un frágil recuerdo de ilusión.
Porque tú fuiste mi única realidad y mi único delito fue amarte.
Tú mente estaba envenenada, de nada sirvió que te recordara que te quería, tus ojos enrojecidos por el alcohol daban a tu rostro un aspecto desencajado, mientras tus manos vacilantes sujetaban la escopeta. Segundos más tarde, una humeante y potente ráfaga atravesó mi pecho, rota en dos, caí formando un charco de sangre inocente.
Aparte el dolor, cerré los ojos y fantaseé de nuevo buscado tus besos. Averiguando lo mejor que sin duda fue vivir contigo. Tú borraste el recuerdo de cuando el amor aun nos intentaba dar una última oportunidad, giré la cabeza, amanecía gris la hora se acercaba, el mundo quedo en silencio.
Las hojas del otoño extienden en el suelo un manto de colores ocres y anaranjados que junto al sonido inseparable del viento dejan a su paso un triste y desolado paisaje en el camino al paso de la comitiva en lento caminar.
Todo el mundo ha vuelto a sus hogares, el silencio sepulcral me lo confirma. La rabia desaparece, mi alma recupera la serenidad. Mis huesos descansan bajo la fría losa de mármol, intuyo que poco o nada queda de las flores, el viento que junto al frio de la mañana ha ido formando escarcha, las debe haber despojado de sus bellos pétalos.
Porque tú fuiste mi única realidad y mi único delito fue amarte.
Ahora que mi sueño será eterno recordaras que las rosas siempre no tuvieron espinas, ellas volverán a despertar de nuevo con cada estación, ella con su fragilidad y belleza me enseñaros a refúgiame en los recuerdos para que mi vida fuera más llevadera.
Mientras me convierto en polvo, recuerda que tú me enseñaste a amar, que tú decidiste de un disparo en una mañana gris apoderarte de mi vida y ahora lloras tu destierro.
Recuerda que mi único delito fue amarte.
Besitos de caramelo,
Tessa