La fría habitación junto a la sala de espera se tambaleaba ante los ojos de Remedios. Se limpiaba nerviosamente las manos en el sucio delantal el cual no había tenido tiempo de quitarse con las prisas, después de la llamada urgente por el teléfono en su puesto de pollería en el mercado municipal.
Hacía unos momentos atendía a la Sra. Martínez, apenas la escuchaba se limitaba a cortar el pollo en pequeños trozos con sumo cuidado para que los huesos no quedaran hechos añicos, la mujer era una buena clienta algo chismosa, siempre exigía un pollo amarillo de dos kilos cortado para hacer al ajillo sin piel. La llamada la había sobresaltado, casi sin poder pronunciar palabra había dejado el pollo a medio cortar, sin quitarse el delantal había cogido las llaves del coche para plantarse en el hospital con el alma en vilo.
Su matrimonio no pasaba un buen momento, Rafael era su hombre difícil, la falta de hijos junto su agrio carácter hacía tiempo que ella sabía que él se iría tarde o temprano, pero ella no quería quedarse sola prefería una vida llena de insultos y vejaciones antes de admitir delante de la gente que él la había dejado.
Hacía unos momentos atendía a la Sra. Martínez, apenas la escuchaba se limitaba a cortar el pollo en pequeños trozos con sumo cuidado para que los huesos no quedaran hechos añicos, la mujer era una buena clienta algo chismosa, siempre exigía un pollo amarillo de dos kilos cortado para hacer al ajillo sin piel. La llamada la había sobresaltado, casi sin poder pronunciar palabra había dejado el pollo a medio cortar, sin quitarse el delantal había cogido las llaves del coche para plantarse en el hospital con el alma en vilo.
Su matrimonio no pasaba un buen momento, Rafael era su hombre difícil, la falta de hijos junto su agrio carácter hacía tiempo que ella sabía que él se iría tarde o temprano, pero ella no quería quedarse sola prefería una vida llena de insultos y vejaciones antes de admitir delante de la gente que él la había dejado.

Salió de la habitación, su Rafael llevaba dos horas en quirófano y allí no había quien pudiera informarle, sus manos marchadas por la sangre del pollo estaba ya amoratadas de tantos frotárselas debido al frio que penetraba en su cuerpo, el miedo se apoderaban de ella pensando si él sufría ¿Si se moría, que iba a ser de ella? Apretaba las mandíbulas pensando, que si le cortarán una pierna o un brazo daba lo mismo ella le quería igual pero morirse ¡no, morirse no!
-Sra. de Rafael Giménez.- La voz del medico la saco de sus pensamientos, lo observo con miedo sin atreverse a preguntar lo que ella estaba segura que podía leer en sus ojos.- ¿Es usted la Sra. de Rafael Giménez? –Asintió el médico sujetándolas por los brazos ante la mirada de terror de la mujer. Ella por respuesta movió la cabeza, siento informarle que su esposo acaba de fallecer.
- ¿Pero se podrá bien? -Preguntó Remedios apurado la voz.
- Sra. no me ha entendido, su esposo acaba de fallecer en la mesa de operación.
- ¿Pero se pondrá bien?-insiste Remedios.
El médico mira a la mujer, volvió la cabeza, hecho a andar cabizbajo tenía el presentimiento que hoy sería un mal día.


