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jueves, 25 de febrero de 2010

Testigo en la sombra

La reina del suspense, Mary Higgins Clark, publico en 1997 ¨Testigo en la sombra¨ novela de suspense convertida en un best seller. En el que narran la dramática experiencia vivida por Lacey, una prometedora pujante de pisos de Nueva york. Al quedar atrapada por capricho del destino en la investigación de un asesinato, al ver la cara del asesino. Poniendo no solo su vida en peligro sino a toda su familia, Lacey sin pensar hasta qué punto puede entorpecer la investigación al aceptar un diario para protegerlo, que le entrega la madre de Heather y moribunda le pide que lo lea.
A partir de este momento para salvar su vida entrara en la protección de testigos. Pero el asesino seguirá sus pistas dispuesto a matarla, aunque para ello tenga que llegar al fin del mundo. ¿Hasta qué punto la protagonista se siente atrapada en el caso para desear que el asesino la hubiera descubierto? A veces es mejor morir que vivir atrapada, piensa angustiada Lacey, al tener que abandonar toda su vida hasta ese desdichado momento.
Ventajas: Te mantiene en vilo durante toda la lectura.
Inconvenientes: El final demasiado flojo.

Biografía

Mary Theresa Eleanor Higgins Clark
Conheeney, mejor conocida como Mary Higgins Clark, (n. el 24 de diciembre de 1927 en el Bronx, Nueva York) es una escritora de novelas de misterio estadounidense. Cada una de sus veintisiete novelas de misterio se han convertido en éxitos de venta en los Estados Unidos y en varios países europeos, y continúan actualmente a la venta, con su primera obra, ¿Dónde están los niños?, en su septuagésimo quinta reimpresión.
Clark comenzó a escribir de muy joven. Después de pasar muchos años trabajando como secretaria y editora, pasó un año como azafata en Pan-American Airlines antes de abandonar su trabajo para casarse y formar una familia. Contribuyó a los ingresos familiares escribiendo cuentos cortos. Después de la muerte de su esposo en 1959, Clark trabajó muchos años escribiendo diálogos radiales de cuatro minutos, hasta que su representante la convenció de intentar escribir novelas. Su primera novela, un relato ficticio de la vida de George Washington, no fue un éxito de ventas, por lo que decidió dedicarse al terreno de las novelas de misterio y suspense. Estas novelas se volvieron muy populares, y en 2008 sus libros habían vendido más de ochenta y cinco millones de copias sólo en los Estados Unidos.


Mujeres que cuentan crímenes: Mary Higgins Clark

En nada se parece, pues, su biografía a la de Agatha Christie, de quien muchos la consideran sucesora a título de “Reina del Suspense”. Salvo, quizás, en el desprecio que entre la crítica produce su éxito. Dos millones de ejemplares vende MHC —es decir, tiene vendidos antes de escribirla— de cada nueva novela. Sencillamente imperdonable.

Sin embargo, sus primeras novelas tienen verdadero mérito y pueden incluirse por derecho propio en los anales de la novela negra. “La cuna caerá”, su primer gran éxito, o “Dónde están los niños” son genuinas historias de terror por las que sobrevuela la investigación, que es el espacio reservado al lector en el género policíaco, el sillón o almohada donde encuentra su gratificación intelectual, sensitiva y moral. MHC muestra en sus novelas esa forma de piedad hacia las víctimas que caracteriza a las grandes escritoras de novela negra, empezando por PD James o Ruth Rendell y terminando por Patricia Cornwell, por citar una generación bibliográficamente anterior y otra posterior a la de MHC, que nació en Nueva York en 1929, vive, recibe premios y escribe sin cesar.

Fuente: http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/rosa-y-negro-23269/

domingo, 21 de febrero de 2010

Y es que solo soy un niño

Apenas tengo casi cuatros años y papa acostumbra a darme con el bastón del abuelo en el culeté de forma cariñosa cada vez que vuelvo del colegio llorando. Pero es algo que no puedo evitar, Manuel es grande y más feíto que yo, su cara grande y llena de pecas me da miedo cuando se acerca y me pide que le dé mi almuerzo, el miedo me paraliza me quedo quieto y el después de darme las gracias se lleva el bocadillo. Ya me gustaría ver a papa delante de Manuel, seguro que él que se hace el valiente pero mucho hablar y él también se quedaría sin desayunar. La vida es muy dura, pero vamos paso a paso.

1º Cuando aterrizas en el mundo:
Sales de un sitio calentito tu casita durante unos meses, tú no estás dispuesto a dar ese paso, no por pereza sino por cambiar, pero a lo lejos se oyen voces, empujones de mama (Que ya pondría estarse quieta porque con tanto movimiento empiezo a marearme). Y de repente algo te agarra contra tu voluntad, un rápido ascenso y de repente delante de ti unos ojos saltones detrás de unos cristales espantosos te miran, aun no has tenido tiempo de salir de tu asombro, cuando te cogen por los pies como si fueras un conejo y te arrean tu primer cachete para que llores. Pero si yo no he venido (Perdón me han sacado, quiero un abogado) a llorar. Después todo son mimitos.

2ºLa cosa se complica:
Tu solo comes y duermes a pesar del aire que tragas al tomarte el biberón. Los gases siempre molestos hacen que me sienta hinchado e incomodo, pero como no puedo hablar y aguanto como un campeón.

3º La visita al pediatra:
Estas dormidito dentro del saquito todo calentito, mama te lleva a visitarte al pediatra, para saber si creces y estas sanito. Lo primero que oigo es:
Sra. quítele la ropita que se quede desnudito.
–Desnudito, desnudito no, ahora estoy muy calentito y porque no se quita la ropa el médico –, lo miro fijamente entrecerrando las pestañas de modo desafiante pero él se vuelve ignorando mi frustración de bebe.
Después de varias pruebas todas ellas tranquilas, me ponen boca abajo me dan una palmadita en el culito y ¡Dios que le he hecho yo a este buen hombre! Suerte que no tengo que conducir.


El tiempo pasa muy deprisa, el domingo cumplo cuatro años. La escuela me gusta y a Manuel que no me queda otro remedio que aguantarlo hasta que algún día le digo que solo me quite la mitad del bocadillo. No cambio mi casita de antes por la de ahora mama acurruca que es una pasada, me espera cuando salgo del colegio con mi mochila de piratas. Puedo ver en sus ojos lo orgullosa que esta de mí, aunque algunas veces llore.
(Y es que solo soy un niño)