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sábado, 20 de marzo de 2010

Los inmortales II: Raymond Queneau, poeta y novelista

El poeta y novelista francés Raymond Queneau nació el 21 de febrero de 1903 en la ciudad de Le Havre murió el 25 de octubre de 1976. En el año 1920 Se graduó de latín y griego. Hijo único de un matrimonio católico, se instaló en París para asistir a la Sorbona, donde estudió Matemáticas y Letras, finalizó sus estudios de Psicología y Filosofía y comenzó a interesarse por el movimiento surrealista.

Impactado por las diferencias existentes entre las lenguas habladas y las escritas que descubrió posiblemente durante un viaje por Grecia, este empleado de la banca, aficionado al mundo de las letras decidió trasladar esas reflexiones hacia una serie de artículos inspirados en el “neo francés” y utilizarlas para muchas de sus novelas. Sus primeras obras están influidas por los surrealistas, y aunque su primera novela, La dificultad, se publicó en 1933 y fue seguida por otras doce novelas y varias colecciones de poesía, Queneau no obtuvo un reconocimiento amplio hasta la publicación de sus Ejercicios de estilo (1949), donde repite una y otra vez la misma anécdota valiéndose de las posibilidades casi ilimitadas de la lengua.


Queneau se había ganado la vida con trabajos que poco tenían que ver con su verdadera vocación. A partir de 1938, gracias a la oportunidad laboral que le ofreció la editorial pudo vivir plenamente de la literatura, este escritor francés que llegaría a fundar junto a H. Miller la revista “Volontés” y a convertirse en integrante del Colegio de Patafísica y la Academia Goncear, desempeñó trabajos como traductor y lector.
Extraído de Biografias y Vidas.



Libros de Raymond Queneau
Las flores azules
La alegría de la vida
Zazie en el metro
Ejercicios de estilo
Siempre somos demasiado buenos con las mujeres
Mi amigo Pierrot
Un duro invierno
Roble y perro
La dificultad


Ejercicios de estilo:
Breves relatos explicados con humor y sencillez. En el libro encontramos 99 maneras diferentes de platear un mismo tema, una pequeña joya de la literatura. Una lectura amena, divertida y original que seguro volverás a leer más de una vez. Os dejo algunas de sus páginas para qué podáis leer y opinar si el libro es de vuestro agrado:

Relato (Pag.64):
Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre. Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.

Retrógrado (Pag.53):
Te deberías añadir un botón en el abrigo, le dice su amigo. Me lo encontré en medio de la plaza de Roma, después de haberlo dejado cundo se precipitaba con avidez sobre un asiento. Acababa de protestar por el empujón de otro viajero que, según él, le atropellaba cada vez que bajaba alguien. Este descarnado joven era portador de un sombrero ridículo. Eso ocurrió en la plataforma de un S completo aquel mediodía.

Injurioso (Pag.149):
Tras una espera repugnante bajo un sol inaguantable, acabé subiendo en un autobús inmundo infestado por una pandilla de imbéciles. El más imbécil de estos imbéciles era un granuja con el gañote desmedido que exhibía un güito grotesco con un cordón en lugar de cinta. Este chuleta se puso a gruñir porque un viejo chocho le pisoteaba los pinreles con un furor senil; pero enseguida se arrugó largándose a un sitio vado todavía húmedo del sudor de las nalgas de su anterior ocupante. Dos horas más tarde, qué mala pata, me tropiezo con el mismo imbécil que charra con otro imbécil delante de ese asqueroso monumento llamado la estación de Saint-Lazare. Parloteaban a propósito de un botón. Me digo: aunque se suba o se baje el forúnculo, mona se quedará, el muy requeteimbécil.

Distinguo (Pag.69):
Por la mañana (y no por Ana la maña) viajaba en la plataforma (pero no formaba en la vieja plata) del autobús (no confundir con el alto obús), y como estaba llena (no me como esta ballena) la masa chocaba (y no la más achochada). Entonces un jovencito (y no cito un joven) extravagante (no vago estragante) se dirigió (aunque no digirió) a un sujeto (pero no atado) pacífico (no Atlántico) enojándose (no desojándose) porque éste (no Oeste) le pisaba el pie (no le pispaba el bies). Al cabo del rato (y no al rabo del gato) yo vi al tonto (no llovía a lo tonto) en San Lázaro (no el de Tormes) conversando con un amigo (no amigando con un converso) más meticuloso (mas no supositorio) en temas de indumento (y no mento más té hindú).

11 comentarios:

Montse dijo...

No lo conocia y choca mucho su lectura. Besitos.

Mar dijo...

Hola guapa!!!

Yo tampoco le conocia y parece interesante.

Feliz fin de semana!!!

Besitossss

Balovega dijo...

Hola Tessa, pues te diré que me ha parecido muy interesante, no lo conocía y voy a ver si lo encuentro para leerlo, muchas gracias..

Un abrazo de buen domingo y lindos sueños.

MiánRos dijo...

Cuanto menos, peculiar, la escritura de Raymond Queneau.
Su lectura es agradable, no así "Distinguo" que es "algo más" (particularmente, este fragmento es muy original; me llamó la atención; en estos casos son los párrafos por los que uno recuerda en el futuro al autor).

Besos, amiga.
Mián Ros

Mari dijo...

Hola Nuri:
Yo tampoco lo conocía a Raymond Queneau.
El fragmento de Distinguo es original, pero cansa un poco la verdad.
Ya me dirás tu opinión a cerca de este escritor.

PRINTOVA dijo...

Hola Tessa, no conocía a éste escritor, quizás no entienda mucho su forma de escribir, pero me uno al pensar de mari.
Un beso.

B. Miosi dijo...

No conocía a Raymond Queneau, (como desconozco muchos escritores) pero qué bien que lo hayas traído. A mí también me gusta rescatar de la historia personajes de la literatura que dejaron huella. Los primeros párrafos están dentro de los lineamientos tradicionales, por supuesto, muy bien escritos, y nos da una idea de las miles de maneras en la que podemos relatar una misma historia. La última versión me ha entretenido de veras, una forma jocosa, burlona y divertida de sacar partido de las palabras.

Besos!
Blanca

EriKa dijo...

Me ha sorprendido la verdad, no conocía a este escritor, ni sus libros.
Besos.

Anónimo dijo...

Hola:
Sorpredente lectura del libro de Queneau.
Gracias por compartir.

Saludos

MA dijo...

Hola amiga gracias por esta entrada de blog, todo un descubrimiento para mi ,no conocía a este escritor ni tampoco como es normal ,sus libros Ya tengo lectura nueva para esta primavera .

Un abrazo y gracias por tu comentario dejado en mi blog en la poesía escrita por mi, Dame tu amor, en el blog de MA .
Volveré amiga .

Margarita dijo...

Hola, Nuri. No conocía este autor que me ha parecido de lo más interesante e ingenioso con ese ejercicio. A mí el Distinguo, me ha parecido entretenido con esos juegos de palabras, pero también un poco pesado y que te saca de la lectura constantemente. Muy interesante este post.

Un abrazo grande,

Margarita